Por experiencia sabemos que muchos objetivos en la empresa no dependen de la buena voluntad y gestión de un individuo, ni siquiera de varios individuos aislados, sino de una dinámica específica que además de seres humanos, incluye ideas, propósitos, relaciones, normas y sentimientos. Esta dinámica se denomina equipo.
Un equipo es una entidad, un organismo social con identidad propia que experimenta unas dinámicas y produce unos efectos no reducibles a la suma de sus miembros y sus intenciones. Por lo tanto “liderar un equipo”, es algo más complejo que dar órdenes a un conjunto o grupo de personas.
Cuando estamos desarrollando nuestras competencias de liderazgo, nos enteramos que no todos los equipos funcionan igual. Algunos nunca toman cuerpo o logran despegar y otros se quedan subdesarrollados; alcanzan resultados por debajo de las posibilidades. Hay equipos que funcionan bien durante unos días, pero con el tiempo empiezan a perder carácter y productividad.
Otros en cambio florecen; llegan a formar un verdadero equipo y son capaces de alcanzar metas insospechadas. ¿Qué hace que un equipo de trabajo marche bien o no? ¿Qué papel tiene el líder del equipo en este proceso? ¿Qué estilo de liderazgo debe desarrollarse para cada equipo de trabajo?