La comunicación pasiva se refiere a una forma de comunicación indirecta o ambigua, donde una persona evita expresar sus necesidades o sentimientos por temor a ofender o ser rechazado. Es común encontrar frases como “tal vez”, “es que no estoy seguro” o «no me pregunten a mí”, que pueden ser interpretadas de varias maneras y no son claras. Sin embargo, la comunicación pasiva puede generar malentendidos, resentimiento y fracaso.
Deja de sugerir y empieza a afirmar; las personas suelen suavizar su lenguaje por miedo a los conflictos o a ser percibidas como impertinentes o groseras. Pero no ser asertivo en el trabajo suele resultar en sobrepasar los límites y generar frustración. Las personas frustradas no son felices en su trabajo.
El estilo de comunicación pasiva se asocia con contener los pensamientos, evitar las confrontaciones, priorizar las opiniones y sentimientos de los demás sobre los propios, así como con un lenguaje corporal y un comportamiento sumiso. Los problemas más evidentes con este estilo pasan cuando un comunicador pasivo se encuentra con alguien con un estilo de comunicación agresivo o cuando se le exige asumir responsabilidades.
Para una comunicación asertiva y para comunicar límites, primero debe tener claro qué quiere, antes de compartirlo con los demás. Es prudente tener en cuenta las asignaciones que son parte de un contrato laboral o de las funciones determinadas por el tipo de cargo o función que se desempeña.
Una excelente manera de mantener sus límites firmes es crear una lista de cosas que ya no quieres hacer porque vulneran tus derechos y te restan calidad de vida.
Una posible lista de cosas que no debes hacer. Ejemplos de límites:
• Ya no voy a aceptar tratos irrespetuosos, abusivos y apodos.
• Ya no voy a dejar que mis ideas y contribuciones sean ignoradas no sean evaluadas en justicia y no sean incorporadas como aporte valioso a la consecución de las metas.
• Ya no voy a ser quien salga a comprar el café del equipo todos los días.
• Ya no voy a ser responsable de lavar los baños de las salas de conferencias.
• Ya no voy a ser el que renuncio a mi hora del almuerzo para cuidar la recepción del edificio.