La mente contiene recursos y posibilidades incalculables: creatividad, bondad, compasión, perspicacia y sabiduría. Es un depósito de tremenda energía y empuje. Y, sin embargo, también puede ser una molesta charlatana, un animal indómito o una piedra de molino que nos hunde. A veces nos gustaría simplemente apagarla para poder trabajar o tener un momento de paz.
Sin embargo, nuestra mente es lo único que no podemos apagar. Entonces, ¿Por qué no aprovecharlo al máximo? ¿Por qué no darle un buen uso? A través de la atención plena, podemos entrenar nuestra mente para que funcione mejor. Al entrenarnos para prestar atención momento a momento a dónde estamos y qué estamos haciendo, la atención plena puede ayudarnos a elegir cómo nos comportaremos, empujándonos (o sacándonos) del modo de "piloto automático".
Cuando estamos convencidos de que las cosas deberían ser de cierta manera y no es así, sufrimos. Cuando alguien se niega a actuar de la manera que creemos que debería hacerlo, sufrimos. Cuando no obtenemos lo que queremos, cuando lo queremos (o cuando obtenemos lo que no queremos, en cualquier momento), lo adivinaste: sufrimos...
El lugar de trabajo, un microcosmos de la vida en su totalidad, está saturado de oportunidades para avanzar directamente hacia el sufrimiento. Lo que necesitamos explorar es si nuestra angustia realmente deriva del lugar de trabajo mismo o, más bien, de cómo aplicamos nuestras formas predeterminadas de percepción e interpretación de los desafíos que enfrentamos en el trabajo.